“Moneyball”

La revista “Cinemanía” se atreve a publicar el 22 de febrero este artículo:

“PORQUÉ “Moneyball” NO DEBERÍA GANAR NINGÚN OSCAR”

“Seguimos a la contra de las nominadas a Mejor Película. Hoy la emprendemos con ‘Moneyball’, los algoritmos neperianos del béisbol y los escupitajos de Brad Pitt. Por ANDREA G. BERMEJO.

Simplemente queríamos ir al cine, desconectar: echar el rato con una de deportes, ellos, y observar atentamente y sin pestañear a Brad Pitt, nosotras. Nos equivocamos. En Moneyball no pescamos ni bates ni a Brad Pitt en su mejor momento. A cambio, nos tragamos un detallado informe de cómo funcionan las cosas en el negocio del béisbol en EE UU. A modo de vendetta, como hemos hecho con las otras nominadas que no queremos que se lleven el Oscar (Los descendientes, Midnight in Paris, The Artist o Tan fuerte, tan cerca) te presentamos algunas razones por las que Moneyball se debería quedar a dos velas el próximo 26 de febrero.

1. Fría reina de hielo

¿Dónde está la emoción? Moneyball es más fría que un témpano. Redonda, inteligente y original, es como esas niñas que sacan dieces en el colegio y que te caen mal. Demasiado mental, calculada, pensada. No contiene escenas de alegría o celebración de las victorias deportivas, ni abrazos entre machotes ni una mísera subtrama romántica a la que aferrarse. Brad Pitt solventa las querencias de su personaje hacia los demás con movimientos sutiles, casi imperceptibles, como escuchar una mixtape de su hija, o perdirle al personaje de Jonah Hill que haga las maletas sin decirle en ningún momento que es la pera limonera . Ni una palmadita, ni un abrazo, ni la mínima carantoña.

2. Muy poco trabajo de campo

¿Agarrar bien el bate, mandar la pelota lejos y correr hasta la última base? ¡Ja! Igualita que el deporte que describe, Moneyball es más compleja de lo que a primera vista podría parecer. En béisbol es más sencillo hacer un home run que enterarse de las reglas del juego, sobre todo, si te pones a explicar el funcionamiento de las ligas americanas o por qué los equipos humildes no pueden competir con aquéllos de grandes presupuestos. Ya lo advertíamos en nuestra crítica, ni rastro de partidos. Ni siquiera hay pachangas. En Moneyball no se suda ni se levanta polvo del campo de juego. Lo más atlético que vas a ver es el lanzamiento de escupitajo en vaso. Es una película de despachos y de diálogos. Una película –no es casual que Aaron Sorkin firme el guión– de pensar y estar concentrado. Y para eso, podrían haber nominado El topo, ¿que no?

3. Porcentajes y estadísticas

Sesuda, cerebral y antirromántica, Moneyball ensalza las matemáticas por encima de la superación personal. ¿Hay algo menos deportivo que eso? Basándose en el bestseller de Michael Lewis The Art of Winning an Unfair Game, analiza la revolución en el mundo del béisbol que lideró Billy Beane al conseguir que el equipo del que era gerente general, los Oakland Athletics, plantase cara a otros de la liga con mayor presupuesto. Mucha gráfica y mucho porcentaje –enarbolados por el gordito crack de la estadística al que interpreta Jonah Hill–. ¿Cómo van a competir los números con Clooney poniéndole ojitos a su mujer en coma o con los zapatos de Dujardin?

4. Demasiada testosterona

No, no nos quejamos por las abundantes escenas de vestuario en las que descamisados y atléticos jugadores profesionales de béisbol enseñan pectoral. Simplemente anotamos que Moneyball es una película de maromos. ¿Cuántas mujeres salen en total? Dos: Robin Wright (la ex mujer de Brad Pitt) y Kerris Dorsey (su hija). Aunque a Brad se le caiga la baba con su niña y tome una decisión al final de la película más propia de una mami hogareña que del hombre rudo que es, la cuota femenina en pantalla es un escándalo. Podría ofender a todas aquellas feministas que no se dejen aturdir por los ajustaditos pantalones del uniforme oficial del equipo.

5. En chándal y a lo loco

Eso sí que no. ¿Era necesario plantarle ese chándal a Brad Pitt? ¿De verdad? ¿Y que escupiese en un vaso cada dos por tres? Parece que este año en Hollywood han apostado por afear a sus chicos favoritos. Pasamos las camisas hawaianas de Clooney en Los descendientes pero los chándals domingueros de Brad Pitt no tienen perdón. Vamos, que a su lado Jonah Hill parece listo para pasear por Cibeles. ¿Y el gremio de gerentes de equipos deportivos… no ha puesto queja?

6. Los flashbacks de Sorkin

Creíamos que Aaron Sorkin estaba por encima del bien y del mal. Y de los flashbacks. Al guionista de El ala oeste de la Casa Blanca y La red social le suponíamos un minimalismo y un saber estar clásico que ahora no termina de casarnos con el recurso del rebobinado. ¿O es que tal vez las escenas de la juventud de Billy Beane –en las que se nos explica el porqué de su desencanto– las firmó su coguionista, Steven Zaillian?

Este artículo tan sumamente objetivo, tuvo 2 comentarios:

“2 comentarios (2 valoraciones) 2 comentarios:

Cracken 23.02.2012 / 10:19
¿Esta crítica quien la ha firmado una amante de la comedia romántica blanda de sobremesa y seguidora de Sex in the City? Por favor, vale que la peli es de 6 e interesante no esa gran obra maestra que nos quieren vender, pero basar tus críticas en que no hay subtrama romántica al estilo de Major League o que no aparecen las típicas escenas de celebraciones; eso es lo único que hace que la peli se salve . Que no estamos ante la típica peli de deportes Estadounidense. No entiendo el ansia de buscar en una peli que muestra una cara diferente del cine deportivo la cara que siempre te muestra el cine deportivo. En fin, supongo que con otras críticas de porque no debería llevarse el Oscar habéis acertado pero a mi parecer con Moneyball que tampoco creo que merezca la estatuilla habéis usado algunos argumentos de amante de blockbuster, en mi modesta opinión.

Vaskita 22.02.2012 / 01:48
Ya te digo yo porque no debe ganar el Oscar: sencillamente porque es un auténtico coñazo”

Iba a echarle tiempo a esta entrada. Iba a contracriticar punto p0r punto esta “opinión” extremadamente subjetiva y a dejar constancia en, en varias pinceladas, de lo que opino yo de esta “periodista” (le doy este título entrecomillado porque quiero creer que es periodista y que de cine no tiene ni puta idea. Esto último lo demuestra sobradamente). Pues eso. Que iba a echarle tiempo y dedicarme a elaborar una critica con argumentos bien definidos y defendidos. Pero me he arrepentido. Yo soy visceral y violenta así que me dedicaré a hacer lo que mejor se. Despotricar vomitando las palabras sobre el teclado del ordenador.

Lo primero es decirle a esta revista de ¿cine? que despida a esta chica o la deje pa llevar cafés o hacer fotocopias. No es que sea mala escribiendo o que su opinión sea incendaria o que sus gustos sean demasido minoritarios y/o deleznables. No. Es que no tiene ni puta idea de cine. Y me da igual que sea redactora de la revista, que escriba de puta madre, que en otras críticas se luciera… si escribe esto de “moneyball” es que no tiene ni puta idea de cine.

He de decir que yo tampoco creo que esté para ganar el Oscar a “Mejor Película” pero como no me ha dado tiempo a ver las otras nominadas, no me atrevo a decir nada. Y como “Slumdog Millonaire” lo ganó pues… qué cojones, esta es mejor película que aquella.

¿Que no hay romance?… hay toda una declaración de amor con entrega incondicional de una vida. Billy Beane demuestra vivir por y para el deporte que le ha hecho (hasta ahora) más infeliz que otra cosa.

No es una película de y para maromos, es una película de principios, apuestas y declaración de intenciones. ¿falta algo de color rosa? Pues anda y jódete. Y jódete también si lo que querías ver era algo tipo “Friday Night Light”. Ellos no engañaron a nadie, dijeron que hacían una película sobre gente que no se conforma con el sistema y decide dinamitarlo desde dentro. El deporte era solamente un pretexto. Y, si esta señora, señorita o como quiera que se considere, no lo comprende, allá ella y su estulticia.

Yo tampoco entiendo por qué gastarse la pasta en una actriz tan sobresaliente como Robin si solamente aparece 2 minutos. Pero le da la replica perfecta a Brad, nos creemos que es su exmujer, nos creemos que se han divorciado a causa de los problemas de su marido con los caminos por los que le ha conducido su vida, y percibimos que aún se quieren pero que es imposible que estén juntos porque él vive para el beisbol.

Y los flashback… solamente voy a decir que están totalmente justificados, que explican el por qué del comportamiento de Beane y remarcan la dignidad cómo persona que tiene Brad Pitt, demostrando que admite ser un tipo bien adentrado en la cuarentena y permite compartir papel con un chico joven. Además de ser uno de los recursos más usados en la historia del cine que mejor a aguantado los tirones de la modernidad y el deconstruccionismo, si se usa bien, (como es este caso) es eficaz e indispensable.

Y nada más que decir. Sobre la peli que es buena, no muy buena ni indispensable, pero buena. Que Brad Pitt hace un papel de Oscar. Que Jonah Hill debería aparecer un poco más. Y que es una pelúla honesta, va de lo que es y eso, hoy en día es mucho decir).

 

Anuncios

“The Walking Dead”

Me tragué la primera temporada por 3 motivos:

1. Adoro a los zombies.

2. Me suele gustar el trabajo de Darabont como guionista y como director.

3. Me aburría.

Está bien, se deja ver y engancha. De hecho fastidia que se termine tan pronto con tantas cosas abiertas.

Pero el cómic es la leche. Me tragué en 2 días los 79 números y me podría haber leído 700. No aburre nunca, siempre te deja en vilo al final de cada número y el desarrollo de los personajes es asombroso. Un estudio completo sobre la naturaleza humana. Aunque hay algunos tan estereotipados que hacen que el resto pierda lustre.

En fin, que si alguien quiere pasarse un buen rato leyendo sobre zombies ya sabe lo que debe hacer. Empezar con “The walking dead”.

Por cierto, no creo que os destripe la serie porque Darabont ha variado notablemente el arco argumental.

“Eclipse”

“El hombre que no dirigiría un film de la saga “Crepúsculo” ni borracho…
Antes de ser contratado para dirigir esta entrega, David Slade escribió lo siguiente en Twitter (traducción literal):

“¿Dirigiría una película de Crepúsculo si estuviera borracho? No, ni siquiera borracho. ¿Dirigiría Crepúsculo drogado? No, ni siquiera drogado. ¿Dirigiría Crepúsculo a punta de pistola? Simplemente, disparen”.

Posteriormente se lo pensó mejor cuando le ofrecieron un sustancioso cheque para encargarse de la realización de “Eclipse”.

“Es cierto que dije todo eso, para qué voy a negarlo. Pero tengo que matizar que eran en tono muy jocoso, de chiste. Sí, es cierto que fue un chiste malo, y que ahora el chiste soy yo, y os podéis reír de mí. Además, cuando lo dije no había visto las películas ni había leído los libros”, comentó en su viaje promocional a Madrid el realizador.

El principal problema de “Eclipse” es que no añade nada a sus predecesoras. Los personajes no evolucionan lo más mínimo, ni ocurre nada decisivo, por lo que un espectador que pasara del film anterior al próximo no notaria nada. Slade aporta un poco de violencia –marca de la casa–, pues aunque está todo controlado, hay descabezamientos que sorprenden teniendo en cuenta que las predecesoras eran más comedidas.

Como el resto de entregas, subyace un mensaje a favor del autocontrol en las relaciones sexuales, que ya estaba presente en la obra de Meyer, de religión mormona. En los anteriores films, las reflexiones sobre este tema se hacían con sutilidad, a través de la metáfora del vampirismo (el protagonista se contenía, y reprimía sus instintos naturales para no morder), pero en esta ocasión se explica claramente en varias secuencias (el vampiro tranquiliza al padre de la chica explicándole que ella es virgen, o se niega a irse con ella a la cama).

Actores desaprovechados como Bryce Dallas y Dakota Fanning
Fichar a actrices con posibilidades como Bryce Dallas-Howard y Dakota Fanning resulta bastante absurdo, pues apenas aparecen en pantalla. Por lo demás, resulta un tanto repetitivo que Bella siga debatiéndose entre el vampiro y el hombre lobo y que Taylor Lautner continúe descamisándose. Hasta parece que este tema se lo toman a broma, pues Edward Cullen llega a decir: “¿Este tío no tiene camisa?”.

A veces se excede en diálogos edulcorados, y algún momento roza peligrosamente el ridículo. como la irrupción del hombre lobo en la tienda de campaña de Bella y Edward para ofrecerse a abrazarla a ella y darle calor en el lecho, ya que el vampiro está frío.”

La Nueva España

Voy a ver si consigo verla sin dormirme y escribo mi propia crítica.

Estos “modernos” lo pervierten todo

Fernando Évole, consejero delegado de Yelmo Cines, vicepresidente de la FECE (exhibidores españoles) y vicepresidente de la UNIC (exhibidores europeos) dijo:
“El objetivo debe ser convertir los cines en destinos de entretenimiento digital. Sitios donde disfrutar de una película, de una corrida de toros, de una carrera de F1, del último grupo de música o de su equipo de fútbol de toda la vida. Todos unidos por una misma pasión: EL CINE EN LOS CINES.”
Muy bien, vale. Salvo una, las demás ennumeraciones que este tío ha hecho no se corresponden con su aseveración final. Y para mi, que voy al cine cada vez menos por la escasez de películas que merece la pena pagar por ver, tiene un deje de sacrilegio. No voy a negar que me atrae la idea de ver un Barça – Madrid en una enorme pantalla en 3D, o un campeonato de videojuegos, o algo por el estilo. Pero el cine ha de seguir siendo cine. Y yo echaré de menos la vibración y el ruidillo del proyector, las marcas en la película, las roturas, el olor de las palomitas (que está siendo sustituido por el crunch crunch de las bolsas de matutano) y el placer de sentarme a oscuras para ver durante 3 horas una película que no se gasta la pasta en el guaperas de turno, o en grandes escenas de acción en 3D llenas de efectos digitales para ocultar un guión absurdo y lleno de lugares comunes, lo mismo contado peor que antes pero con más efectos. Daría… no sé qué daría por poder volver a los años 50 y vivir el estreno de (por decir una) “El crepúsculo de los dioses”, eso SI que era EL CINE EN LOS CINES.

Adiós Paulie

Cuando llegue a casa cuelgo un poema sobre los muertos que me mola. Porque aunque tenga asumido desde bien pequeña que la muerte forma parte de la vida, hay veces que me jode muchísimo que alguien se muera. Cuando es joven me jode mucho por las cosas que todavía le quedaban por hacer y cuando es viejo me jode si muere de una enfermedad, luchando por su vida cuando tendría que estar tumbado al sol y no despertarse. Y algunas personas no se merecen sufrir. La enfermedad es cobarde, sucia y tramposa. Nos quita la dignidad de ser persona y nos reduce a pozos de dolor sin fondo. Paul Newman no se merecía sufrir. No se merecía morir así. Y con 83 años. Que a mí hasta me parece joven. Un hombre que hizo tanto por tantas personas. Podría decir que fue grande por sus películas pero eso todo el mundo lo sabe. Fue más grande por estar casado con la misma mujer durante más de cuarenta años, por hacerse piloto de coches y llegar a los setenta años compitiendo, por vivir en un pueblo donde todo el mundo le llamaba Paul y los que le trataban a menudo Paulie, por hacer salsas y comidas caseras, lograr convertirlo en un negocio rentable y donar todos los beneficios a los más desfavorecidos, por tener un campamento de verano para niños con problemas, por tener los ojos azules más bonitos de la historia del cine (que me perdone Brad), por ser una persona normal en un mundo anormal. Por todo eso adiós Paulie, te has ido pero tú recuerdo se quedará aquí como sólo los grandes lo consiguen. Y ya nos quedan pocos. Habrá un día en que no haya grandes leyendas del cine, sólo rostros vacíos y ojos vacuos que vendan revistas y luzcan orgullosos sus cuerpos perfectos a base de cirugías. No quedarán hombres y mujeres de carácter, que con su sola presencia llenan una pantalla sin necesidad de más adorno, no por ser más o menos guapos, sino por impregnar de autenticidad cada uno de los planos. Una sola de las miradas llenas de odio y rencor que Newman le echaba a la Taylor en “La gata sobre el tejado de zinc” ya hace que cada vez que uno de los actorcillos guaperas mira a cámara nos apetezca pegarle un tiro para acabar con su sufrimiento y con el nuestro propio al tener que contemplarles. El único consuelo es que parece que Dustin Hoffman, Robert DeNiro y Al Pacino, siguen en buena forma… pero no nos olvidemos de que ya van a entrar en la setentena… y sir Hopkins o Conery o Eastwood o Spielberg o Ford, si me apuro añado a Tom Hanks… el día en que todos ellos están muertos una gran parte del cine habrá muerto para mí.

“Plutón B.R.B.nero”

Ayer se estrenó en “la2” la primera serie de ciencia ficción española. Está dirigida por Álex de la Iglesias y es bastante cachonda y con mucha, mucha mala leche. Es entretenida aunque, a veces, a mi me resulta demasiado absurda y algunos de sus actores no deberían haberlo sido nunca.
Os dejo la dirección del blog que de la Iglesia escribió durante el rodaje:
plutonbrbnero.blogspot.com
Lo que más me gusta de esta serie es este blog.

“Amanecer de los muertos”

Voy a escribir sobre zombis. Y espero que no se me haga largo porque no es lo que pretendo.
Iba a escribir sobre “La rebelión de las máquinas” porque hace poco leí un artículo que la dejaba, a ella y a Stephen King, por los suelos. Pero no me apetece. Soy fan (casi) incondicional de Stephen King y me encanta el cine de terror de serie B o Z, o lo que sea, me da igual. Por lo tanto no voy a intentar modificar los gustos de alguien enfrentándolos con los míos.
En estas estaba cuando hablando con un colega salió en la conversación la peli que da título al post, “Amanecer de los muertos”, dirigida por Zack Snyder. Un remake que supera, con mucho (muchísimo) a la peli de Romero.
Desde el primer plano, hasta los que intercala en los títulos de crédito del final, consigue mantenerte en tensión durante 105 minutos. Y eso es un logro nada desdeñable. No voy a hablar de cuestiones técnicas, de elección de planos, de giros de guión, de actuación, de fotografía… no lo haré.
Quiero hablar de la emoción que me hizo verla 16 veces (con la de ayer) y que, posiblemente hoy, en cuanto termine este post, alcance las 17.
Quiero gritar: ¡¡¡corred, corred, corred!!!.
Quiero atravesar, con el mango de un mazo de crickett, la cabeza de uno de esos seres y salpicarme con su hedionda sangre.
Quiero ver las mutilaciones, las heridas, la sangre coagulada, los ojos vacíos pero al mismo tiempo llenos de odio irracional, el tembleque, las bocas sedientas, las uñas desgarradoras…
Quiero ser una heroína capaz de matar y de morir con tal de no dejarme atrapar, capaz de atravesar una ciudad consumida evitando todos los peligros o enfrentándome a ellos. Quiero tener de novio a un muchachote inteligente que discuta conmigo sobre cómo sacarnos de los aprietos en los que nos metamos y con el que rivalizar por ver quién se arriesga más y es más valiente. Y a quien darle besos con lengua bajo una explosión con cientos de zombis desmembrados a mi alrededor mientras el viento azota… (¿el qué?, mierda, no tengo melena)… da igual. Mientras el viento azota nuestros rostros sudorosos y cubiertos de sangre ajena.
Quiero eso y más, mucho más.
Pero mientras tanto me conformo con ver la película y emocionarme y pasar miedo, y llevarme sustos, y sentir asco, y pena.
No todo eso aparece en la película (mucho sí) pero es lo que le apetece a una después de verla si no es miedosa y no opta por cagarse de miedo cada vez que abre una puerta porque ha oído un ruido.
Pos eso. Que la veáis, que os la recomiendo a todos. Si no os gustan las pelis de miedo o los zombis… da igual… fijo que os entretiene.
Y que conste que las partes que más me gustan de la peli es cuando no hay lucha directa con ningún zombi.
Qué pena que después de esto hiciera “300”, debería haber seguido con el cine de terror. Hay tan pocos que sean buenos…