No matarás

Si el 5º mandamientu, “no matarás”, tuviera que ser desglosau en sus infinites variantes, seguro que se necesitaría una enciclopedia pa abarcar toes les excepciones “legales” con les cuales un buen abogau podría convencer al mísmisimu Dios de que tal o cual asesinatu tuvo sus poderoses razones que eximen al ejecutor de cualquier condena.
Y esto vien a cuentu porque hay un lío de cojones en la comunidad internacional. ¿Podría el tribunal de La Haya juzgar a Bush, Blair (que acaba de dejar su puestu de 1ºministro) y Aznar por crímenes de guerra a consecuencia de lo ocurrío en Irak? Pues la respuesta ye que a Blair y Aznar sí, a Bush no porque E.E.U.U. no firmó el tratao que da autoridá a dichu tribunal. Tócate los huevos.
Ye evidente que los E.E.U.U. tienen la exclusiva del asesinatu legal, algo que siempre tuvieron pero ahora aún más legal, porque nadie tien lo que hay que tener pa acusalos ante un tribunal (mira el casu de Couso, que dicen que no podemos juzgar a los soldaos que lu mataron) tal vez porque tampoco existe un tribunal que se atreva con ellos.
Ye evidente tamién que tó ye cuestión de conceptos, de interpretaciones, de razones que avalen mentires, mentires que tos sabemos pero que nadie denuncia.
Y mientras los E.E.U.U. gasten millones en Irak tratando de rematar una faena que salió mal, en Liberia, por ejemplo, tan pidiendo ayuda para frenar una auténtica carnicería, pero claro, ¿Qué interés tien Liberia pa Bush? ninguno porque no hay ni petróleo ni diamantes ni ná de ná. Los asesinatos que se producen en Liberia son consecuencies de una guerra civil, hermanos contra hermanos, tos miembros del mismu país. Los asesinatos de les tropes americanes en Irak son acciones de guerra contra el terrorismo. La diferencia ta en la legalidad, y el mundo otorgó la legalidad a Bush al no oponese a él, al no plantai cara, o, como en su día dijo Aznar, “no se debe dejar sólo a un aliado”, como si Bush necesitase compañía (y menos la de España) pa bajar la palanca de la silla eléctrica.
Alguien debería explicar a los ciudadanos del mundo, por qué Saddam yera un asesino fríu, imperturbable y por qué Bush ye “el salvador mundial”. Y tamién la diferencia entre matar de un tiru en la nuca o con una soga al cuello y matar con una bomba inteligente.
Alguien debería explicar pronto por qué los asesinos que se oponen a asesinos de mases, que ostenten el poder y son veneraos, son terroristas.
Alguien debería explicar al mundo , antes de ca un decida el alcance de la legalidá en la su vida, por qué unos tan en campos de concentración y otros dando lecciones de moralidá y buenes costumbres. Por qué un mafiosu presidió la Unión europea, por qué un mentirosu gobernó España y con más mentires pretenden volver a gobernala, por qué un ASESINO dirige la mayor potencia mundial, por qué el asesinatu de un nenu ye algo brutal pero otru ye un “dañu colateral”, por qué el asesinatu de un periodista español ye un “lamentable error”, etc…
No sé como se les arreglará Dios pa llevar les cuentes de to esti fregao, pero desde luego fue muy inocente cuando creyó que, diciendo simplemente, “No matarás”, íbamos a entendelu.
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Cansada

Ya dije que estoy cansada, y nada más decir esas palabras me sentí aliviada, como si me hubiesen quitado un enorme peso de encima que me impedía respirar con normalidad. Cuando lo admití, que necesitaba desconectar un tiempo de todo, acepté el deber de respetar mi propia decisión, tan díficil que no sabía cuando tomarla y me limité a convertir  el diagnóstico en remedio: ESTOY CANSADA y con esas dos palabras hice una cruz que señalaría la tumba de aquello que me llevó a esta situación. Me salieron del alma y es un alma envenenada por rencores que no puedo superar, ni siquiera disimular.
Lo intenté, ¡vaya si lo intenté!. Durante mucho tiempo me enfrenté sin vacilar a todos los fantasmas que entraron en mi vida. Peleé, pero fue un error. Ya no es el momento de hacerme reproches, ni siquiera de vengarme. Es hora de apartarse del pasado y de convertir esa huída en un ataque, sin convertir en una carnicería los malos recuerdos. Yo no quiero ni asumir ni repartir culpas. Estoy cansada y con eso empiezo a edificar una nueva vida. Aún hay mucho camino por andar.

Peter Pan

Tengo un pasado, un pasado demasiado recordado como para olvidarlo. Me costó llegar a esa conclusión y cuando lo hice me sentí poseída por una exultante sensación mezcla de alivio y congoja. Alivio porque me conozco lo suficiente para saber que tengo el coraje necesario para recordar sin sentirme atada. Congoja porque hacerlo significa ver mi vida, mis momentos más intensos, como si le hubiesen ocurrido a otra; para bien o para mal. Pero no hay otra salida antes de llegar al abismo. Revivir el pasado es perjudicial para mi salud.
Me dije que se acabó y lo cumpliré. Lo sé y por eso estoy tan triste y tensa. Tristemente tensa. Cuando mi nueva vida esté encauzada ,si se encauza algún día, podré recordar. Sin complejos, sin sentir los golpes. Esa es la realidad.
Soy consciente de que mi condición de Peter Pan no tiene mucho sentido, que no se debe dejar pasar la vida, mano sobre mano, que hay algo más que juerga y despreocupación. Lo asumo. Estaba enamorada de mi sentido lúdico, pero con el paso del tiempo estoy madurando, me estoy hartando de tanta fiesta y decidí.
Aunque no me gusta hacer planes más allá del día que estoy viviendo, no me cerraré  puertas, ni dejaré que nadie lo haga. Me ahorraré la degradación progresiva de mi juventud derrochadora, no me convertiré en un reproche con un final pútrido. Me gusta salir, pero no tanto como para dejarme chantajear por ello.

Una se cansa

Desperté al agonizar la madrugada y me dí cuenta de que mi cama estaba demasiado fría.
Miré la puerta del baño, miré la puerta de la habitación, miré la ventana.
Me levanté y subí la persiana.
Allí estaba la luna…encendida y desnuda.
Y yo estaba tan blanca como la luna.
Sentí que una corriente de inquietud recorría todo mi cuerpo.
Me desperté porque ya no puedo más.
Yo no soy de las personas que sufren insomnio, no soy intranquila, ni alguien pesaroso que necesita salirse de un sueño que no le concede un respiro.
Mis ojos se abrieron de par en par, mis hombros se estremecían, y una sola lágrima pugnaba por escaparse de mi ojo izquierdo.
Yo no soy una mujer que llore a la luz de la luna, soy un ser fuerte, una roca a la que asirse en cualquier tormenta.
Pero ayer me dí cuenta de que también yo necesito ayuda y consuelo.
Y es que, a veces, una se cansa de ser el punto de apoyo de los demás.